Criando hoy: ¿juntos o separados?

Los tiempos actuales traen una renovación en las posiciones que cada uno de nosotros va tomando en diversos temas y la crianza no escapa de esto. Cada vez más la participación del padre en el cuidado de los hijos- incluso desde que son recién nacidos- es mayor, aunque aún persisten las parejas que sostienen la división, más o menos, tajante en el cuidado de los mismos. Entonces, nos encontramos con la pregunta de si es posible una “crianza compartida”.

¿Por qué hablar de una crianza compartida?

Partimos del hecho de que el rol actual de la mujer en nuestra sociedad ha cambiado, lo que implica que muchas veces dediquemos mucho de nuestro tiempo al trabajo, estudio o actividades fuera de la casa; y que, a su vez, el rol del hombre también se ha ido modificando, llegando a dejar de ser visto como el único “proveedor” de la familia. Entonces, cabe preguntarse por el lugar que ocupa actualmente el cuidado de los hijos dentro de las parejas y familias.

Si bien es cierto que nunca será igual cómo cuida un padre de cómo cuida una madre, y es importante que estas diferencias existan, me vengo preguntando si en el terreno de la crianza es la madre la única o la mejor capacitada para el cuidado y crianza de un niño, en especial, cuando son recién nacidos. Dejo de lado a las familias homoparentales, que merecen un análisis exclusivo.

Y así me fui encontrando con la idea de la “crianza compartida”. Lo principal de ésta es que en ella se empieza a permitir que el hombre ocupe un lugar que hasta hace muy poco solo se concebía como femenino. Es real que existen áreas en las que se marca un límite, como la lactancia. Sin embargo, siempre es posible “darle una vuelta” de acuerdo a las necesidades y elecciones de cada pareja o familia. Un padre puede encargarse de levantarse a traer el bebé en las madrugadas a la madre para alimentarlo o puede ocuparse de darle una mamadera con leche materna o fórmula en las noches. Algo poco posible para la mayoría de nuestros padres.

Entonces, de lo que se trata es de que el padre pueda involucrarse activamente en el cuidado de los hijos, y que esta función pueda ser ejercida por ambos respetando las diferencias que cada uno tendrá en su ejercicio. Así, para que exista un padre comprometido debe existir antes una madre que habilite y ceda algo del cuidado de los hijos.

De culpas y exigencias

¿Será posible que una mujer pueda ceder algo del cuidado de los hijos en el padre sin culpa? Lo más probable es que la gran mayoría de nosotras responda que no. Sin embargo, es posible que muchas respondan que es posible, pero en determinado momento: “cuando el nene sea más grande” o “cuando no necesite tanto la teta”. Pero también existe un grupo de mujeres que encuentran más posible poder delegar algunas de sus funciones desde muy temprano, sin que ello tenga como consecuencia algún problema en el vínculo con su hijo o hija.

Tal vez estamos frente a un cambio de paradigma en el que la función de la madre deje de idealizarse y pasemos a un tiempo en el que los avatares de crianza realmente se compartan. Así, gracias a que la función de la madre se está pudiendo valorar desde un lugar más realista, que implica que no todo en su ejercicio es color de rosa, y que muchos hombres están cada vez más deseosos de participar en los cuidados de los hijos, es que es posible pensar en una crianza compartida.

Lic. Julia Patiño Núñez

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