El desafío de criar hijos lejos del lugar de origen

Parentalidad y migraciones: ¿cómo es ser padre lejos de las raíces?

La parentalidad implica el complejo proceso psicológico de convertirse en padre o madre de su hijo, proceso que representa un trabajo particular a realizarse día a día. Conlleva reconocerse como parte de una línea de generaciones e identificar la propia herencia. Así este proceso requiere del marco que brinda el grupo familiar y el contexto cultural y social.
Pero entonces qué implicancias tiene llevar adelante este proceso cuando se está lejos del grupo y lugar de origen.

Criar hijos lejos del lugar de origen

criar un hijo lejos del lugar de origenLa migración ha formado parte de la historia de la humanidad desde el principio, y ha estado motivada por infinidad de razones: económicas, laborales, educativas, religiosas, políticas, entre otras. Además suele estar acompañada de fuertes sentimientos tanto de esperanza e ilusión como de desarraigo y nostalgia. Más allá de los motivos que llevan a una migración, todos los migrantes comparten el hecho de verse inmersos en un contexto en el que prima el cambio. Cambio que va desde cuestiones básicas como el clima y lo que se come, hasta aspectos más complejos como la historia y costumbres, el humor y los códigos, y la lengua. Todo esto pone a prueba a la persona, específicamente a su flexibilidad psíquica.

Ahora bien, querer un hijo siendo migrante tendrá múltiples significados, tantos o más como el de solo querer un hijo. Así el hijo anhelado se inscribirá dentro de este contexto y podrá representar aquel que da la pertenencia al nuevo lugar, el que separa definitivamente del lugar de origen, el que integra dos culturas. De esta manera, la formación de la imagen del hijo, suma un elemento que no es menor para el ejercicio posterior de la parentalidad.

Entendemos que el llevar adelante el proceso de criar hijos lejos del lugar de origen o atravesar la parentalidad lejos del grupo de origen representa un desafío. Aquí se hace necesario diferenciar las vivencias que puede llegar a tener una mujer y un hombre. En el caso de una mujer, el ser la portadora del embarazo puede llevarla a confrontarse desde muy temprano con la necesidad de una matriz de apoyo brindada por las mujeres de su familia. Es a través de ésta que empieza a darse la trasmisión de los saberes culturales relacionados con el tener un hijo y la crianza. El no contar con ella puede representar un elemento desestabilizador. Asimismo, están las vivencias generadas por las diferencias en las costumbres de crianza del lugar de origen y del lugar de residencia y ni que decir de las diferencias en el lenguaje o el habla -cuando se comparte el idioma.

Sin embargo, entendemos que este desafío representa una oportunidad para salidas creativas frente al desarraigo y la distancia. La parentalidad dentro de un contexto de migración, acompañada de una actitud reflexiva, es una tarea que implica la creación de un andamiaje en el que los elementos de una y otra cultura se unan, primero para poder acoger al hijo y segundo, brindándole a los padres la posibilidad de tomar lo nuevo sin perder lo originario.

Por Lic. Julia Patiño Núñez

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