Escuela para Padres

¿Cómo ser un buen padre? ¿Se puede aprender? ¿Qué implica hablar de una “Escuela para Padres”?

Suponer una escuela implica, en la mayoría de los casos, pensar en una educación formal. A la escuela se va a aprender, y este proceso de enseñanza-aprendizaje, en general, se realiza bajo un método formal de educación. Dos más dos es cuatro, ¡siempre! El análisis sintáctico tiene sus reglas, puede hacerse bien o mal, no hay otra alternativa. El examen se aprueba o no se aprueba.

¿Cómo ser un buen padre?

El hecho de ser padre… ¿se aprende? Más bien, se construye. En este sentido, no existe un único modo de ser padre, no existe la fórmula que responda a la universal pregunta de “¿cómo ser un buen padre?”, “¿cómo se debe criar o educar a los hijos?”. Dos más dos no es cuatro, ¡casi nunca!

Ahora bien, quizás resulte provechoso cambiar la perspectiva misma de la pregunta hacia la siguiente: “¿Cómo aprender a ser padres de nuestros hijos?”. En ésta última se esconde una verdad a la que hay que prestar atención: todo padre es en relación a un hijo, no se es padre de modo abstracto, sino siempre en relación a un niño en particular.

De este modo, sería difícil pensar en una “Escuela para Padres” si se lo liga a la educación formal. No existe un libro o manual que transcriba la fórmula de cómo educar a los hijos, ni existe una regla mnemotécnica que permita recordar los conceptos fundamentales de la función materna/paterna, ni se puede delegar a un otro la responsabilidad de enseñar a ser padres.

¿Qué implica una “Escuela para Padres”?

Por este motivo, desde el equipo “Nacer Padres” proponemos corrernos un poco de lo que tradicionalmente se pensaría como una “Escuela”, principalmente por una razón: Nunca se termina de aprender/construir/saber cómo ser padre. A nadie le pertenece este saber de manera absoluta, no es algo que siempre se pueda enseñar. En este sentido pensamos una “Escuela para Padres” que pueda habilitar un espacio de intercambio de experiencias para que cada uno se haga dueño de su propio saber.

Pretender saber cómo ser un buen padre a través de la lectura de un manual o la asistencia a determinados grupos sería ambicioso y, a su vez, mediocre. Lo que quizás sí pueda generar alternativas de crianzas saludables sería redireccionar algunas preguntas que tienen que ver con las realidades más íntimas y personales de cada padre, en cada situación, con cada hijo. Las preguntas más frecuentes de todo padre tendrán diversos resultados en función de cómo se las piense. Una cosa es pretender saber con exactitud la respuesta de preguntas universales:
• ¿Qué tiene que comer?
• ¿Cuándo tiene que empezar a caminar y a hablar?
• ¿A qué edad empieza el jardín?
• La lactancia ¿hasta cuándo es?

Otra muy distinta resulta de posicionarse dudando frente a cuestiones que competen a la propia vida, el propio hijo, la propia experiencia y la propia posición de padres:
• ¿Por qué mi hijo no come?
• ¿Qué debería esperar de mi hijo a esta edad?
• ¿Cuándo quiero/me conviene que empiece el jardín?
• ¿Hasta cuándo quiero dar de mamar?
• ¿Qué me pasa a mí en relación a mi hijo?

Consideramos que la posición de un adulto que puede preguntarse sobre cómo ser en relación a un niño y por qué, producirá efectos más fructíferos que cualquier clase a la que asista. En este sentido, tal como en la escuela, cada libro leído nos sirve solamente si pensamos qué hacer con aquello que leímos.

Por todo ello es que desde la propuesta del equipo “Nacer Padres” los invitamos a diversos espacios de reflexión (talleres, encuentros). Estos espacios, tal como la escuela, tienen el objetivo de plantear problemáticas, pero a diferencia de ésta, no proporcionará respuestas universales. Cada respuesta será construida en el camino único que realice cada uno de los padres en el tránsito por su propia experiencia de ser madre o padre.

Por Lic. Giselle Pomés.

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