¿Existe el instinto maternal?

En esta nota te ayudamos a entender qué es el instinto materno. Cuando se habla del instinto maternal surgen muchas dudas: ¿mito o realidad?

¿Qué es el instinto materno?

¿De qué hablamos cuando hablamos de instinto? El instinto es un concepto que hace referencia a aquellas conductas o comportamientos heredados que comparte toda una especie y que tiene por objetivo la adaptación de la misma a su ambiente.
El concepto de “instinto materno”, intenta dar cuenta de un “saber hacer” de la madre en relación a los cuidados de su hijo. Un “saber hacer” que dicha mujer posee por su condición de mujer y madre.

¿Existe el instinto maternal?

Hay un gran número de comportamientos o conductas que se deben llevar a cabo a la hora de criar a un bebé recién nacido. Entre ellas, las más evidentes: alimentarlo, brindarle abrigo, afecto y un ambiente propicio para un crecimiento y desarrollo adecuados. Podemos pensar que es de público conocimiento que el niño requiere de tales comportamientos para su supervivencia. Sin embargo, “el instinto maternal” recaería en el cómo llevar a cabo estas conductas: cómo alimentarlo, cómo brindarle abrigo, afecto y qué implica un ambiente propicio.
A través de nuestra experiencia, se nos ha hecho evidente, que es muy amplia y variable la manera en que las distintas mujeres y familias responden a estas preguntas. Por este motivo, desde Nacer Padres, preferimos pensar a la maternidad como un proceso de constante aprendizaje y de elecciones que irán constituyendo esa forma personal o subjetiva de ser madre, más que como un “saber hacer” innato. Asimismo, la pensamos como una función que podrá ser llevada de igual modo por cualquier persona que desee ocupar ese rol aunque no fuera la madre biológica. Tal es el caso de los padres adoptivos, de aquellos bebés que han perdido a sus madres, entre muchos otros.
Aceptar el hecho de que no existe un “saber hacer” con certeza que le pertenece sólo a la mujer-madre, puede tener varios efectos. Por un lado, la angustia de encontrarnos con el “no saber”. Por el otro, el alivio de enterarnos que no poseemos tal saber porque no existe en sí mismo, sino que se construye.

Por Lic. Luz Zaefferer .

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