Los síntomas en los chicos, ¿medicar o escuchar?

A lo largo de la vida, tanto los adultos como los chicos, expresamos nuestro malestar o nuestras dificultades de diversas maneras además de con el uso de las palabras. Los síntomas son una variante de ello. Por eso, en este artículo, te contamos sobre la importancia de los mismos y sobre cómo caen sólo cuando se les da un lugar.

Los chicos, como los adultos, tienen su propio modo de comunicar y comunicarse que algo no anda bien. Así, un chico celoso por la llegada de su hermanito, vuelve a necesitar el chupete para dormir, para lograr, por ejemplo y entre otras cosas, comunicar “yo también necesito atención, también soy un bebé” y para comunicarse “extraño la exclusividad de los mimos de mis papás, me enoja la llegada de mi hermanito”. También podrá comenzar a pegar a sus compañeritos en el colegio. A esto llamamos “manifestaciones sintomáticas”, acciones o reacciones de los chicos que dan cuenta de que algo les ocurre.

En este ejemplo, nadie del sistema educativo, familiar o médico, dudaría de la relación entre el nacimiento del hermano y el cambio en la conducta del chico. Sin embargo, hay ocasiones en las que las causas no son tan claras y descubrirlas tomará bastante más paciencia por parte tanto del sistema educativo, como familiar y médico.

Los padres notan dicho comportamiento extraño y recurren a diferentes profesionales en busca de respuestas, y es allí donde se encuentran con un sin fin de caminos que parecen contraponerse.

La madre, preocupada porque la llamaron del jardín varias veces como consecuencia de que el hijo pega en el colegio y se rehúsa a respetar las consignas, se acerca a hablar con la profesora y ésta le dice… “Nos preocupa el nivel de violencia de su hijo… ¿qué anda pasando en casa? ¿A cuidado de quién lo dejan cuando van a trabajar? ¿Consultaron con el pediatra?”. La madre, consulta con el pediatra quien la deriva a un neurólogo… “para descartar”. Ya muy angustiada, la madre, va al neurólogo y éste, luego de unas pocas preguntas, le responde “estamos en presencia del Síndrome Oposicionista Desafiante, pero no se haga problema que con esta medicación todo está resuelto.”

El chico, por más incómodo que nos resulte, debe ser oposicionista y desafiante, debe hacer síntoma, como pueda, pues sólo así podremos saber qué le ocurre y ayudarlo. Medicar a los niños es obstaculizar el desarrollo de mundo emocional. No hay duda de que la medicación “resolverá” más rápidamente, mediante acallarla, la manifestación de aquella conducta disonante, pero el niño, encontrará inconscientemente otro modo de hacerse escuchar.

Claro está que, lo que complica la cosa, es que hay circunstancias en las que es necesaria la medicación. En este sentido, nuestro objetivo con este artículo, no es oponernos al uso de la medicación, pero sí cuestionar su uso indiscriminado alentando a las madres y familias a cuestionar y consultar a profesionales dispuestos a escuchar aquellas manifestaciones sintomáticas de sus hijos.

Lic. Luz Zaefferer

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