¿Los “terribles” dos años?

Todos hemos escuchado algo acerca de la llegada de los dos años en la vida de un niño, por lo general lo que se dice no es muy esperanzador, de ahí el nombre de “los terribles dos”. Pero ¿qué es lo terrible? ¿qué es lo que pasa que los dos años de nuestro hijo o hija se vuelven tan turbulentos? Pero en especial, ¿para quién?

Antes vale aclarar que se habla de los dos años, pero que los cambios que suceden pueden empezar a manifestarse antes de esa edad y continuar más allá los tres años. Cada chico tiene un ritmo particular de desarrollo y lo importante es poder tenerlo en cuenta.
Entonces, veamos qué ocurre en esta edad, que la caracteriza y define tan fuertemente. El desarrollo de un niño está lleno de movimiento, es una mezcla de períodos calmos o más manejables con otros períodos de “crisis” o transformación. Los dos años en el desarrollo de un niño se puede ubicar en este segundo momento. Es un tiempo de revolución, básicamente por la intensidad de las emociones y acciones puestas en juego.
Es un momento en el que nuestro pequeño, realmente deja de ser tan pequeño, es mucho más consciente de ser él o ella, es decir, de ser un ser diferente de nosotros y desea, cada vez más, ejercer su creciente autonomía. Así, el “no” continuo -incluso para cosas que le gustan- empieza a ser moneda corriente, y también el deseo de hacer todo solo -incluso lo que físicamente no puede- y de allí el torbellino de emociones que se despiertan, tanto en ellos como en nosotros los “desafiados” padres.
Es así que la rutina diaria se desequilibra porque hay que lidiar con las nuevas necesidades de nuestro hijo o hija. En este punto es importante resaltar la idea de que estos cambios son una necesidad del desarrollo y no un “capricho” o algo relacionado con un manejo voluntario de los niños. Sin embargo, no podemos negar que muchas veces es una prueba importante a nuestra paciencia, por ejemplo cuando estamos con el tiempo justo para salir a trabajar o cuando rompe el libro más lindo de cuentos que le regalamos, y es que lo terrible estaría en la mirada que le damos nosotros a esto.
Así es claro que si los dos años de nuestros hijos son “terribles” lo son para nosotros, los grandes, y no necesariamente para ellos. Pero por qué la expresión de un mayor libertad e independencia es considerado como algo “terrible”. En la medida que significamos este tiempo como tal, probablemente lo sea. Esta etapa es desafiante e intensa porque moviliza emociones fuertes, tanto en los chicos como en los padres, y eso no se puede desconocer, pero un cambio en cómo lo pensamos probablemente ayude a poder manejarlo de mejor forma.
Los chicos en este momento nos están mostrando un avance en su desarrollo, y el desafío será acompañarlos sin sentir que es algo hecho a propósito o en contra de nosotros. De esta forma, podremos pensar las mejores formas de sobrellevar los “intensos dos años”.

Lic. Julia Patiño Núñez

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