Palabras que enmarcan y dejan marca

En este artículo podrás informarte sobre la importancia de las palabras que utilizamos en el día a día de la crianza de los hijos, qué consecuencias tiene en su desarrollo y la constitución de su personalidad.

Ya desde antes del embarazo y durante toda la vida luego del nacimiento, las personas estamos rodeadas de palabras que nos nombran: “quiero tener un hijo, pero demanda permanente atención y cuidado, ¿podré hacerlo?”, luego “cómo se mueve este bebé, es muy inquieto” y más adelante “tiene muy buen carácter, no llora por nada”. Estos son unos pocos ejemplos de frases que solemos escuchar a diario en boca de los padres, abuelos, maestros, cuidadores, entre otros.

Es por medio de las palabras que las personas conocemos el mundo y no podemos hacerlo por fuera de ellas. Es por ello que, desde la infancia cuando los niños juegan a “la mamá y el bebé”, pasando por el púber o adolescente que comienza a comprender que biológicamente ya es posible engendrar un hijo, y hasta el momento en que se toma la decisión de tenerlo o simplemente ocurre, recurrimos a las palabras para nombrar todo aquello. Lo vamos haciendo desde lo que escuchamos y aprendemos de quienes nos rodean y desde lo propio de cada uno. El punto es que cuando un bebé comienza a gestarse, lo hace rodeado de todas esas palabras. Palabras que son muy necesarias ya que irán constituyendo no sólo su personalidad sino su mundo.

Las palabras son las que brindan al niño un sostén, son las que dan consistencia al mundo. Es a través de ellas que va dando sentido a las cosas, lugares, personas y también a sí mismo. Por este motivo es que es tan importante ser conscientes de qué palabras utilizamos al hablar y sobre todo, al hablar del bebé o niño. Esto se debe a que, si bien las palabras dan un orden y definen, tienen ese mismo poder para definir negativamente si es así como las utilizamos. Por ejemplo, si un niño no encuentra placer en bañarse en una pileta o el mar y desea mojarse los pies y salir rápidamente y se le dice constantemente que es un “miedoso”, posiblemente el niño tomará esa palabra como una de las que lo definen. Esto se debe a que se encuentra en un período de constitución de su personalidad. Seguramente si esto ocurriera con un adulto que no se piensa miedoso, esta frase no sería significativa.

La palabra que más utilizamos para nombrar a un niño es justamente su nombre. Por este motivo, la elección del nombre también será de suma importancia. Es por todo esto que la herramienta fundamental de trabajo de un psicoanalista son las palabras.

Si bien es necesario el uso de palabras que den marco a todo lo que rodea al niño y a él mismo, será importante intentar ser conscientes de cuáles son aquellas palabras que elegimos para hacerlo, aún sabiendo que algunas escaparán a nuestra elección consciente. Es importante aclarar que no son negativas las palabras en sí, sino el uso que hacemos de ellas.

Lic. Luz Zaefferer

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