¿Por qué la mujer necesita hablar de su parto?

En general, cuando se visita a una hermana, prima o amiga que dio a luz, casi siempre la reciente madre nos cuenta cómo fue su parto. El relato de este nacimiento puede ser más o menos extenso, más o menos detallado, pero inexorablemente necesita ser escuchado.

¿Por qué?

En general, la mujer que parió recientemente cuenta cómo fue su experiencia, cómo se sintió, qué fue lo que pasó, cómo era el bebé la primera vez que lo vio, si lloró o no, cómo fue ese llanto, cómo reaccionó el padre del bebé, entre tantas otras cosas. Sea porque salió todo “bárbaro” o porque la experiencia fue “difícil” o “traumática”, en general la puérpera quiere decir algo sobre ello. Algunas dicen más, otras dicen menos, pero todas dicen algo…

Atravesar un parto supone SIEMPRE un impacto. Marca un antes y un después. Y aunque hablamos de parto, en realidad nos referimos a la experiencia del nacimiento, sea que éste se dé por vía vaginal o por cesárea.

Decir, contar, relatar…
Recordarlo, repetirlo… en la cabeza o con palabras…

Durante el transcurso del embarazo, la mujer elabora cierta idea de cómo quiere que sea el momento del primer encuentro con su bebé, y en base a ello, elige el obstetra, el sanatorio, y otras variables que hacen al momento del parto. Algunas lo esperan con ansías y seguridad, otras temen y se sienten inseguras. Algunas están más informadas que otras. Algunas sienten que podrán atravesarlo con tranquilidad, mientras otras no.

Imaginar cómo será y poder elegir ciertos aspectos que están a su alcance, otorga a la pareja, y sobre todo a la mujer, la necesaria ilusión de que podrá “controlar” ciertas cosas. Y de hecho es así, no es lo mismo parir con profesional médico y en un lugar en que la mujer se sienta segura y a gusto que hacerlo sin todo ello.

Pero a lo que nos referimos es que siempre habrá algo que no podrá anticiparse. Es decir, por más preparados que la mujer y su pareja se sientan, por más libros que hayan leído al respecto, por más consultas que hayan hecho con especialistas, SIEMPRE hay algo que van a desconocer. Siempre hay algo que no puede ser representado de antemano.

Parir es entregarse

El parto es una experiencia que atraviesa a la mujer en cuerpo y alma, literalmente. Parir es entregarse… en el sentido que la mujer entrega su cuerpo y alma a ese bebé que está por nacer, sea porque atraviesa un trabajo de parto de 12 horas o porque entra a un quirófano. Por ello, luego de ocurrido, la puérpera necesita hablar de ello, contarlo una y otra vez. Al hacerlo, a la vez que comparte con otros lo vivido, también ella misma va ordenando, recordando (quizás con más detalle en la medida en que lo repite), y dándole cierto sentido a la vorágine de sensaciones físicas y emocionales que atravesó recientemente. Porque una vez que llega el bebé, una vez que se separa del cuerpo de la madre, el foco se centra allí, ya no queda lugar ni tiempo para nada más.

Pero la mujer necesita volver a ser dueña. Hablar, relatar, contar qué paso, cómo fue, qué se sintió, es el modo que encuentra para volver a hacerse dueña de ese momento, de ese cuerpo, de esa experiencia… hacerse dueña del nacimiento de su hijo. Porque en la medida en que una mujer puede volver a sentirse dueña, es que podrá luego seguir entregando su cuerpo y alma a aquel bebé que ahora depende de ello absolutamente.

Decirlo, contarlo, relatarlo… recordándolo y repitiéndolo… en la cabeza y con palabras… Volviéndose a hacer dueña de lo que es suyo, para poder seguir prestándolo…

Lic. Giselle Pomés

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