¿Qué siente mi bebé recién nacido?

Que siente mi bebe RN - padres 2El nacimiento de un bebé pone a los padres en una situación que, aunque suscita mucha alegría, supone también un esfuerzo muy grande de adaptación. Muchas veces la vuelta a casa tras el parto, sobre todo para los padres primerizos, puede ser tarea difícil. Del hogar se fueron dos, con una dinámica y una relación constituida (en el mejor de los casos) y vuelven tres.

Entre la multiplicidad de cuestiones que se ponen en juego tras la llegada del nuevo integrante a la familia, una de las más importantes y que suele generar mucha incertidumbre, es la de poder conocer o entender qué le pasa al bebé. Todos los padres deben pasar indefectiblemente por esta primera instancia de conocimiento y decodificación de las necesidades de su recién nacido.

Sin embargo, lo que muchas veces puede pasar desapercibido en el trajín del día a día y el esfuerzo de reacomodación que supone esta primera etapa de encuentro con el bebé, es que el mismo bebé también transita un período de adaptación y conocimiento de un mundo nuevo. Para ello, sin duda se hace necesario la presencia de los padres o las figuras significativas que estén a cargo.

El recién nacido humano es el más vulnerable de todos los mamíferos. No sólo no puede sobrevivir por su cuenta, sino que tampoco podrá desarrollarse sin el acompañamiento y la estimulación de los adultos que lo sostienen y crían. Por ello es tan importante ponerse a pensar cómo será para un humano encontrarse con el mundo por primera vez. Resulta una tarea algo difícil, dado que nadie puede recordar las experiencias más primitivas.

Sin embargo, es posible conocer algunas cuestiones de la experiencia primaria del bebé a partir de observaciones y reconstrucciones, que suelen estar guiadas por el estudio de la psicología general, la psicología evolutiva y el psicoanálisis.

¿Qué realidad vive el recién nacido?

Como decíamos, el recién nacido se encuentra en un estado deQue siente mi bebe RN 3 absoluta vulnerabilidad. Esto quiere decir que no puede valerse de sí mismo para satisfacer sus necesidades primarias.

Es importante tener en cuenta que durante el período gestacional, el cuerpo materno funciona como ambiente regulador. Un bebé dentro de la panza no siente hambre, porque el cuerpo materno automáticamente satisface la necesidad fisiológica, lo alimenta constantemente. Pero cuando este bebé nace, sus sistemas corporales deben comenzar a funcionar por su cuenta. En este sentido, tras el nacimiento se hace presente la insatisfacción.

¿Cómo se vive esta insatisfacción, esta falta, al inicio de la vida?

El cuerpo del recién nacido, en términos de subjetividad incipiente, presenta dos estados: el de homeostasis (o equilibrio) y el de tensión. El recién nacido pasa de uno a otro constantemente, pero más allá de su propia posibilidad de regulación. Es decir, cuando surge la necesidad se pierde el equilibrio interno (la homeostasis) y el bebé no puede valerse de sí mismo para suprimir este estado de tensión, siempre necesita de un agente externo.

Cuando un bebé se encuentra tranquilo, saciado, cómodo, podemos decir que presenta un estado homeostático, no hay tensión, por lo tanto es un estado placentero. En cambio, cuando a través del llanto manifiesta hambre, sueño, incomodidad, molestias intestinales, entre tantas otras, podemos pensar que se encuentra en un estado de displacer por el aumento de la tensión.

De este modo, las sensaciones al inicio de la vida pueden pensarse a partir de la dicotomía placer-displacer, instancias supeditadas al estado de equilibrio o tensión en el organismo: Al inicio de la vida, no existen más que estas dos formas del sentir, o es placentero o es displacentero. Sólo con el tiempo, y en la interacción con los otros, es que pueden ir complejizándose y diferenciándose en varias formas, tal como podemos observarla en niños o adultos.

Cabe aclarar, sin embargo, que la sensación de insatisfacción es tanto inevitable como necesaria para la formación de la personalidad del niño, dado que es un estado que reaparecerá a lo largo de toda la vida. Lo importante radica en el modo en que el niño, primero a partir de la mediación de los padres y de modo progresivo cada vez más autónomamente, logra lidiar con estas frustraciones y resolverlas.

El lenguaje en la construcción de lo subjetivo

Un niño que habla, y por supuesto un adulto, puede nombrar los tipos de placer Que siente mi bebe RN 2o displacer que experimenta. Es decir, a partir de la adquisición del lenguaje se diferencian los placeres y displaceres de la vida, en la medida en que se los puede empezar a nombrar: las necesidades (“tengo hambre”, “tengo sueño”, “estoy molesto”);  y las satisfacciones (“estoy lleno” “estoy cómodo”, aunque estas más bien se manifiestan cuando se observan estados placenteros y/o de tranquilidad en el bebé o niño).

Ahora bien, transcurre un largo tiempo entre que el bebé es recién nacido y que logra comenzar a hablar. De modo que a lo largo de este primer año, en que el bebé supera la etapa post-natal y comienza a comunicarse vía la palabra, se lleva a cabo un proceso de construcción de su subjetividad a partir del cual se complejizan las sensaciones, integrándose en percepciones más globales, que luego se cristalizan en lo que conocemos como afectividad.

La percepción

La percepción, en sentido estricto, supone la conjugación e interpretación de toda información que llega al cerebro a través de diversas vías sensoriales (visual, auditiva, táctil, etc). En esta línea, cumple un rol fundamental el acelerado desarrollo de los sentidos durante esta etapa inicial.

Por ejemplo, en términos fisiológicos, el recién nacido podrá enfocar su visión a no más de 30 centímetros de distancia. Posiblemente, al inicio de la vida, gran parte de la información visual de su contexto próximo se le escape, pero no así con aquello que implique un acercamiento más acentuado, como puede ser la mirada de la madre durante el momento de la lactancia.

En la medida que los nervios ópticos, así como la musculatura del ojo va desarrollándose, el bebé podrá enfocar objetos que se encuentran a mayor distancia, podrá discernir la profundidad de los mismos (situándolos en varias dimensiones), podrá realizar movimientos para elegir hacia qué dirección mirar, entre tantas otras cosas. En este sentido, la información visual irá enriqueciéndose y diferenciándose de la información que llega de otros sentidos. Por ejemplo, podrá asociar la voz de quien se encuentra más lejos con la persona que ahora sí podrá ver a distancia. Cabe aclarar que todo esto se va dando de modo más o menos espontánea (aunque con mediación del adulto) y sin posibilidad de auto-percatación por parte del infante.

A su vez, la percepción en esta etapa se da como un modo indiferenciado de recepción de las sensaciones. Las sensaciones provenientes de los distintos sentidos, se combinan de modo que son recibidas por el bebé como una experiencia unificada. Así, la experiencia repetida irá dejando en la mente del infante cierta huella o registro.

En este sentido, podría decirse por ejemplo que el ser humano “aprende” a ver. Es decir, aprende a interpretar lo que está viendo. Inicialmente toda la información que llega a través de las vías sensoriales es confusa e indiscriminada. Sólo a partir de la repetición de la experiencia y el almacenamiento de estas primeras imágenes, es que el bebé, con ayuda de los adultos que lo acompañan, podrá ir aprendiendo a interpretar lo que ve.

La afectividad

La afectividad del bebé se refiere a la reacción emocional frente a determinado estímulo (sea interno: hambre – saciedad; o externo: molestia por ruidos excesivos – estado de bienestar general). Por este motivo, viene de la mano de las primeras percepciones. Comienza a desarrollarse desde temprano, a partir de la complejización de las experiencias de placer-displacer y se sirve de varias modalidades de expresión (corporal, gestual, interactiva-vincular, hablada).

El lenguaje es el modo más evolucionado de expresar lo afectivo. Pero hasta llegar a ello, podemos captar lo que el bebé siente a partir de otras manifestaciones, tal como: el llanto, la sonrisa y la risa en respuesta al adulto y sus gesticulaciones, los gorjeos, la tranquilidad o exacerbación, la posibilidad o imposibilidad de dormirse, entre tantos otros. Aclaremos la cuestión con un ejemplo:

Durante los primeros tres meses, se observa un atisbo de sonrisa,Qué siente mi bebe RN - Sonrisa gastrica la cual se llama “sonrisa refleja o gástrica” porque en realidad no supone una respuesta a algo externo, sino sólo un reflejo frente a cierto bienestar fisiológico proveniente de un estado homeostático. En este sentido, se podría pensar que el bebé denota estados de placer, automáticos, por así decir. Nos encontramos aún en el período inicial de fluctuación entre homeostasis-tensión.

A partir de los 3 meses comienza a observarse una sonrisa denominada “social”, es decir en respuesta al rostro humano. Aquí comenzamos a hablar de una respuesta afectiva primitiva, en tanto supone la percepción de algo externo (el rostro humano, en determinadas condiciones) que genera un estado de exaltación placentera en el bebé.

Ahora bien, y aquí radica lo fundamental: la construcción de esa afectividad incipiente tendrá mucho que ver con el modo en que el adulto denomine/llame/nombre la reacción del bebé, y por ello, cómo cualifique a aquella subjetividad que está constituyéndose.

No es lo mismo que un padre diga “Ay pero que bebé más lindo, ¡cómo se ríe!”, a que responda “¿Pero de qué te reís vos si no entendés nada?”. Estos ejemplos, extremos por cierto, se toman entre las millones de respuestas que puede dársele al bebé y que siempre estarán contextualizadas y sumergidas en un estilo particular de cada padre, estilo que en su conjunto dará forma a la significación que se trasmite en el mensaje.

Cabe aclarar, incluso, que más allá del contenido del mensaje (lo que el padre dice), lo que mayormente se pone en juego en esta instancia tan primitiva tiene que ver con la forma (cómo lo dice). En esta combinación entre forma y contenido se comienza a conjugar en el imaginario de los padres, aquello que caracteriza la subjetividad y afectividad naciente del bebé.

Que siente mi bebe RN - padresEl rol de los padres en la construcción de la afectividad y subjetividad

Los padres y otros adultos significativos son quienes donan sus palabras y sus propios modos de interpretar lo que al bebé le pasa, para que éste luego pueda decir aquello de sí mismo. En este sentido, el rol del adulto en el desarrollo de la afectividad de un bebé es mucho más activo de lo que usualmente se cree.

Sin dejar de lado que existen disposiciones innatas en relación a patrones afectivos, también resulta fundamental comprender que el modo de acompañar y significar lo que el bebé vive, y por ende, tolerar las frustraciones que inevitablemente surgen en este camino, es tan o más importante que lo primero. De hecho un bebé con una disposición innata alegre, con buena posibilidad de tolerar estimulación excesiva y de armar su barrera de protección, no podrá actualizar estas potencialidades si no cuenta con padres que lo sostengan y lo ayuden a lidiar con lo externo. Mientras que un bebé con menor capacidad innata para tolerar frustraciones, para aislarse frente a los estímulos invasivos, y con un ánimo menos alegre, seguramente podrá hacer mucho si cuenta con padres que le presten recursos para lidiar con estas situaciones y que lo acompañen en la codificación de su propio modo de sentir.

Esto supone también que el lenguaje, en tanto modo de darle significado a lo que ocurre, preexiste. El lenguaje está antes que la palabra dicha.

En este sentido, el hecho de hablarle al bebé desde el inicio de la vida, de nombrar lo que uno percibe que puede estar pasándole e incluso anticiparle las situaciones resulta fundamental en la construcción de la afectividad y subjetividad del niño. Para que un niño, más grande, pueda entender qué le pasa, trasmitírselo a otro y actuar en consecuencia, primero es necesario que él mismo lo entienda.

Lic. Giselle Pomés

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