¿Qué significa el llanto del recién nacido y del bebé?

En este artículo te contamos cómo va evolucionando el llanto del bebé durante el primer año de vida. También incluimos algunos consejos prácticos para lidiar con el llanto en las distintas etapas. Podes leer el artículo entero o elegir la sección que corresponda a la edad de tu bebé. Te recomendamos que sí o sí leas las conclusiones “El llanto durante el primer año de vida”.

La llegada al mundo

Un bebé recién nacido llega a una realidad absolutamente diferente de aquella en la que se encontraba inserto durante la gestación. A lo largo de las 38-40 semanas que él estuvo dentro del vientre materno, el bebé ha contado con la satisfacción inmediata de todas sus necesidades.

Es decir, durante el desarrollo pre-natal normal, el bebé no siente hambre, ni frío, ni incomodidad como sí sentirá en la vida extra-uterina. Todas estas funciones se encuentran reguladas por el cuerpo materno que, a través de la placenta y el cordón umbilical, le proveen todo lo necesario de manera automática.

De este modo, tras el nacimiento, el cuerpo y los sistemas internos del bebé (alimenticio, intestinal, de regulación de la temperatura corporal, respiratorio, entre tantos otros) comienzan a regularse de un modo distinto, ahora en contacto con el ambiente exterior. Esto le supone al bebé un esfuerzo de adaptación… le supone cierta “falta”: ahora siente hambre, frio o calor, incomodidad, molestias intestinales, etc.

El llanto del recién nacido (0-3 meses)

Aquí es donde cumple una función esencial el llanto del recién nacido. El llanto es una descarga automática, en principio. Esto quiere decir que el bebé no puede controlarlo, aún no posee recursos para hacer frente a sus necesidades. Inevitablemente depende de otro, incluso sin saberlo. En este sentido, lo que resulta importante de saber es que el primer llanto del bebé no está dirigido a nadie, es sólo una manifestación espontánea de que hay una necesidad insatisfecha.

El acertijo para toda madre, primeriza especialmente, radica en poder entender de qué necesidad se trata: ¿Tiene hambre? ¿está molesto? ¿habrá que cambiarle los pañales? ¿serán los cólicos? (Si te interesa saber más acerca de este tema, te invitamos a leer “Cólicos en recién nacidos”). Posiblemente estas sean preguntas que aparezcan en los primeros tiempos, hasta que cada mujer u hombre pueda ir conociendo a su bebé y comprendiendo aquello que le pasa y cómo es que él/ella lo expresa.

Aquí te acercamos algunos hechos universales que pueden ayudar a la hora de entender el llanto de tu bebé recién nacido:

• Durante los primeros tres meses aproximadamente, la mayoría de los bebés necesitan alimentarse cada tres horas. Por ello, incluso durante el transcurso de la noche, seguramente el bebé se despierte con frecuencia para tomar la leche.

• Los adultos ya hemos articulado nuestro patrón de sueño y alimentación, por lo cual estamos acostumbrados a dormir aproximadamente 8 horas de corrido durante la noche y a comer entre 4 y 6 comidas diarias durante el período que estamos despiertos, El bebé irá adquiriendo estos hábitos en la medida que vaya creciendo y que sea posible para él/ella. Inicialmente, es importante respetar sus ciclos e ir acompañándolo para que progresivamente pueda dormir más horas de corrido por la noche sin necesitar alimentarse. Este es un proceso largo que puede llevar varios meses, pero en general los primeros tres son los más intensos.

• El llanto asociado al hambre suele tener características particulares, y se diferencia del llanto por otros motivos. Posiblemente, aquella madre que esté atenta, pueda en el transcurso de los primeros días o semanas, ir diferenciando cuando se trata de cada situación.

• Los bebés tan pequeños hacen ruidos, gorjeos, pueden pegar algún gritito, pero esto no significa necesariamente que les pase algo. A veces, resulta ventajoso esperar a ver si efectivamente este primer sonido se transforma o no en un llanto.

• Cuando un recién nacido llora, si es por hambre, en general es fácil lidiar con ello porque se lo alimenta y el bebé quedará satisfecho. Resulta más difícil justamente atender el llanto que excede la necesidad puramente fisiológica. Aquí resulta fundamental contar con la paciencia y la confianza en sí mismo como para ir dándole significado a lo que el bebé “pide”. Pero, cuando comenzamos a hablar de “pedido” a través del llanto, ya estamos pensado en un llanto diferente al del recién nacido.

¿Qué pide un bebé cuando llora? (3-6 meses)

Luego de los primeros tres meses, el bebé comienza a diferenciarse de lo que es externo a él. En este sentido, comienza a darse cuenta de que si siente hambre, hay algo, que no es él mismo, que viene de afuera, que colma su necesidad. Así, el llanto comienza a cobrar otro sentido: empieza a transformarse en un recurso para satisfacer sus necesidades, empieza a ser un modo de “pedir”.

Pero, lo que es importante aclarar, es que aún a esta altura, el llanto es el “único modo de pedir” que el bebé tiene. Es decir, no cuenta con otros instrumentos, con los que sí contará más adelante, para manifestar que necesita algo. La aclaración viene a cuenta de la importancia que tiene el hecho de no enojarse con el bebé que llora mucho. No “nos está probando”, “ni tomando el tiempo”, simplemente nos está haciendo saber que necesita algo.

Sin embargo, resulta esencial prestar atención a cómo respondemos los adultos a estos primeros pedidos. Es decir, que un bebé dependa absolutamente de su madre, padre o cuidador lo hace vulnerable; pero esto no quiere decir que el cuidador no tenga la responsabilidad de “regular” como satisface la demanda del bebé.

Por ejemplo, es importante que el adulto pueda tomarse el trabajo y el tiempo de ofrecerla al bebé “glotón” “que pide mucha teta” otras alternativas de juego, de interacción, de encuentro que se diferencien de la lactancia o el biberón. En esto, se juega la tolerancia del adulto a la frustración. Posiblemente la alimentación sea el recurso más efectivo y más fácil para callar el llanto de un bebé, pero otros recursos asociados a la voz, la mirada y la interacción con la madre y otro significativo podrán también funcionar como tranquilizadores y saludables cuando un bebé llora.

Te damos algunos consejos para lidiar con el llanto del segundo trimestre del bebé:

• Si vos ya podes reconocer que llora por hambre, desde ya que la respuesta es alimentarlo.

• Ahora, si podes reconocer que no se trata de una necesidad fisiológica (ya fue alimentado, está limpio, la temperatura es adecuada y no tiene ropa incómoda), es importante que recurras a otros recursos: mirarlo, hablarle o cantarle (los bebés reconocen las voces y los tonos de sus mamás desde el inicio), acariciarlo o sostenerlo cerca, hamacarlo, jugar con él.

• A esta altura es importante que la interacción sea de frente y de cerca. Si lo escuchas llorar y estás en otro cuarto haciendo algo, está bien que le hables, aún si no te puede ver, porque esto irá anticipando que vas a acercarte, pero cuando llegues a su cuarto miralo de frente, y hablale de cerca. Los bebés de esta edad responden al rostro humano, sin importar todavía tanto de quién sea.

• Ya para esta altura, seguramente estés familiarizada con los “ruiditos del bebé”. Tal como al principio, resulta propicio tolerar que el bebé pueda hacer estos ruidos sin que quienes estén a su cuidado se desesperen. Posiblemente en los próximos tiempos, el bebé comience a disfrutar de experimentar con distintos timbres de su voz y sonidos (aunque todavía esté lejos de hablar). Es importante no interpretar todo sonido como signo de molestia, algunos pueden ser muy placenteros para el bebé.

¿Cuándo aparecen otras vías de comunicación más allá del llanto? (6-12 meses)

A partir de los 6 meses los bebés comienzan a realizar diversas vocalizaciones: lo que inicialmente eran gorjeos, ruiditos, sonrisas ahora comienza a tomar la forma de balbuceo, algunas sílabas incluso, y luego las primeras palabras (hacia el primer año). Estos son modalidades de disfrute para el bebé pero también comienzan a tomar la forma de comunicación e interacción con los otros.

A partir de los seis meses y especialmente hacia el final del primer año de vida, los bebés se vuelven muy comunicativos, aún sin palabras. Es impresionante, si uno puede estar atento, la cantidad de recursos que los bebés utilizan para interactuar con otros: desde su mirada, sus sonidos, sus expresiones faciales, sus juegos, la posibilidad de señalar y empezar a utilizar gesticulaciones, entre tantos otros. Pero en todo ello, también se encuentra el llanto, sobre todo para expresar insatisfacción, molestia, y hasta angustia.

bebe llorando 2

El llanto durante el primer año de vida

Aún durante el transcurso de todo el primer año, el llanto es casi el único elemento del que el bebé dispone para expresar su malestar. Cuenta con otras herramientas para interactuar, expresarse, manifestar bienestar y alegría, pero no para manifestar angustia. Será luego del primer año que comienzan a aparecer otros recursos para hacer frente a las molestias, las frustraciones, los enojos: poder decir que no, alejarse físicamente de lo rechazado, hacer berrinches, entre otros que irán apareciendo y que seguramente presentarán nuevas preguntas a los cuidadores.

Pero en lo que hace al llanto, siempre es importante tener en cuenta que, sea intencionado o no (dependiendo de la edad del bebé) en una señal universal de necesidad, malestar, o angustia. Que el adulto sólo se enoje frente a esta manifestación del bebé no termina resultando productivo.

Sin dejar de reconocer que muchas veces resulta frustrante y hasta desesperante el llanto de un bebé, resulta fundamental comprender que el bebé, en ese momento, no cuenta con otro recurso para regular su malestar, que el único del que dispone es de la voluntad de su madre o padre y lo que ellos puedan hacer para ayudarlo a enfrentar aquello que lo inquieta.

También es importante prestar atención a todo lo que al adulto pueda llamarle la atención del llanto de ese bebé, dado que es justamente él quién lo conoce. Por ejemplo, si un bebé que suele ser tranquilo, repentinamente explota en llanto, y este no puede ser entendido por los cuidadores, no responde a ninguna necesidad fisiológica (no tiene hambre, ni sueño, ni frío, etc), es excesivo y se sostiene en el tiempo, desbordando así las capacidades de tranquilizarlo por parte de quien suele lograrlo, posiblemente sea pertinente realizar una consulta.

En este sentido, es tarea de los padres hacer un trabajo de acompañamiento responsable de las necesidades del hijo, lo cual significa apelar a cierto equilibrio entre sostener afectivamente y regular los excesos, para posibilitar diversas herramientas. Pero siempre considerando que uno como padre puede fallar de vez en cuando, que esto no implica una marca imborrable y que es parte del camino a construir con aquel nuevo integrante de la familia.

Lic. Giselle Pomés

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